Masturbación en la madurez: placer propio, no sustituto de nada

Publicado en2 meses hace

Voy a empezar por el final: esto no va de qué hacer cuando no tienes pareja, ni de cómo mejorar tu vida sexual con otra persona. Va de ti. Solo de ti.

Y sé que eso, para muchas, ya es incómodo de leer.

Porque durante décadas nos han enseñado que el placer propio era algo provisional. Un parche. Lo que se hacía mientras tanto. Y si tenías pareja, la pregunta implícita era siempre: ¿para qué necesitas eso?

Esta idea es uno de los mayores robos que se le han hecho a la sexualidad femenina. Y en la madurez, donde el cuerpo cambia y el autoconocimiento se vuelve más necesario que nunca, el precio de haberla creído se nota especialmente.

Por qué el autoplacer importa más a partir de los 40

No es paradójico. Tiene una lógica muy concreta.

A partir de los 40, y especialmente en la perimenopausia y menopausia, el cuerpo cambia de formas que requieren más atención, más escucha, más conocimiento propio. La lubricación tarda más en llegar. La sensibilidad se redistribuye. Lo que antes funcionaba puede que ya no funcione igual, y lo que antes no prestabas atención puede volverse una fuente de placer nueva.

Si no te das espacio para explorar eso sola, sin presión, sin el tiempo que marca otra persona, sin la carga de expectativas de un encuentro compartido, es muy difícil saber qué necesitas ahora.

El autoplacer en esta etapa no es nostalgia de lo que era. Es exploración de lo que es.

Y hay algo más: la estimulación regular del tejido genital —sea cual sea la forma— contribuye a mantener la elasticidad vaginal, la circulación y la sensibilidad. No es un dato menor cuando hablamos de salud sexual a largo plazo. Algunas ginecólogas y especialistas en suelo pélvico lo recomiendan directamente. No como alternativa a nada, sino como parte del cuidado del cuerpo.

El cuerpo que no conoces bien

Una de las cosas que más aparece en los espacios donde las mujeres hablan con honestidad sobre su sexualidad es esto: muchas no conocen su cuerpo con precisión.

No por falta de interés, sino porque nadie les enseñó. La educación sexual que recibimos estaba centrada en la reproducción, en los riesgos, en lo que no había que hacer. El placer propio, el conocimiento del propio cuerpo como fuente de disfrute, era un tema invisible.

Y así llegamos a la madurez con décadas de experiencia sexual pero, a veces, con un conocimiento sorprendentemente vago de qué es lo que realmente nos gusta, qué tipo de estimulación nos funciona mejor, dónde tenemos más sensibilidad y cómo varía eso según el momento del mes, del día o del nivel de estrés.

Después de los 40, ese desconocimiento puede volverse más visible porque el cuerpo ya no responde de la misma manera que antes. Y si no sabes cómo responde ahora, hay una brecha importante.

El autoplacer es, entre otras cosas, una forma de cerrar esa brecha.

Quitarle el peso a la palabra

Masturbación. La escribo entera porque esquivarla sería exactamente el problema del que estamos hablando.

El silencio alrededor de esta palabra en el contexto de mujeres adultas —y especialmente de mujeres maduras— no es inocente. Refleja una idea muy arraigada: que el placer femenino tiene sentido solo en relación a otra persona. Que existe para algo. Para mejorar la pareja, para concebir, para mantener el deseo activo de cara a los encuentros compartidos.

Esa instrumentalización del placer propio es la que hace que muchas mujeres nunca se hayan dado permiso real para explorar su cuerpo sin un propósito externo.

Y lo que hay al otro lado de ese permiso —cuando se da— suele ser sorprendente. No porque sea algo nuevo o desconocido en abstracto, sino porque conocerse de verdad, sin prisa ni expectativas ajenas, tiene un efecto en la relación con una misma que va mucho más allá de lo sexual.

Herramientas, sí. Con criterio.

Una pregunta práctica que aparece con frecuencia: ¿vale la pena usar juguetes?

La respuesta honesta es que depende de lo que busques y de lo que te apetezca explorar. No hay ninguna obligación de usar nada que no quieras. Pero si hay curiosidad, merece la pena nombrar algunas cosas.

En la madurez, cuando la sensibilidad puede haber cambiado y la respuesta del cuerpo es diferente, algunos juguetes diseñados para estimulación de clítoris —vibradores, succionadores— pueden ofrecer un tipo de estimulación que resulta más accesible que antes, o que abre experiencias nuevas. No como solución a un problema, sino como herramienta de exploración.

Lo importante, si decides probarlo, es elegir con criterio: materiales seguros (silicona médica, ABS), sin componentes porosos, fáciles de limpiar. Y empezar desde la curiosidad, no desde la presión de conseguir algo concreto.

Darte permiso es el primer paso

Si hay una idea con la que me gustaría que te quedases es esta: el placer propio no necesita justificación.

No hace falta que mejore tu vida en pareja. No hace falta que reactive tu deseo. No hace falta que sirva para nada más que para ti.

Eso solo ya es razón suficiente.

Y si además resulta que conocerte mejor te ayuda a comunicar lo que necesitas, a vivir tu cuerpo con más confianza y a transitar los cambios de esta etapa con más recursos, bien. Pero no es el objetivo. Es la consecuencia.

El objetivo eres tú.

- Dina

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